martes, 1 de junio de 2010

EL ENLUTADO Y EL PEREJIL.Gabriel Miró.



La vega, tan lisa, tan callada, dejaba que se tendiese y llegaba muy claro el silbo del tren; luego se sentía el ferrado estrépito del puente...
Los sábados, desde nuestro pupitre del salón de estudios,veíamos nosotros,escuchando, ese tren de Alicante.Sabíamos que cuando silbaba era su grito previniéndonos de que iba a precipitarse sobre el río.Se apagaba el estruendo;entonces,la pobre puente, quedábase fosca y vacía toda la noche,mientras el correo resollaba muy gozoso`porque nos traía al padre.
No pudiendo mirarnos_que estaba prohibido volver la cabeza_mi hermano tosía queriendo decirme en romance"!Ya viene!"Y yo tosía:"!Ya lo sé!"A poco nos llamaba el Hermano Portero.
Desde la escalera de granito desnudo oíamos el pisar reposado de mi padre, que esperaba en los claustros para besarnos antes.
Era muy tasada la visita de esa noche;y es la que más limpiamente sube del humo dormido.Nos vemos muy hijos;tocando y aspirando las ropas que aún traen el ambiente de casa y la sensación de las manos de la madre entre los frescos olores del camino.Le buscábamos los guantes,el bastón, lo íntimo del sombrero,todo como un sándalo herido.Le contemplábamos en medio de un arco claustral sobre un arco de estrellas y de árboles inmóviles de jardín cerrado.
De verdad reglamentaria la visita era el domingo;pero, entonces,había un rebullicio de familias,un lucir galas las madres jóvenes y las hijas mozas,un trocar saludos,encoger y abrir corros,agradecer las tertulias ceremoniosas del Padre Prefecto,y esta vigilada alegría,en locutorio,y el presentirse ya el lunes y toda la rígida semana dentro de la fiesta,acabó por desaborar las horas buenas.
Pues para salir de nuestras sequedades nos hurtábamos de la sala y corríamos claustros,patios,pasadizos aulas,huertos.A veces se juntaban algunas familias ,adelantándonos los chicos por la soledad académica,prometiéndonos peligros.Todavía nos exaltaba más pensar que buscábamos mundo y aventuras en nuestro edificio,pareciéndonos una mansión con zonas de misterio y encanto para sus mismos moradores;y aunque algún paraje nos fuese conocido de recreos o tránsitos,al vernos allí pocos,solos,sin guarda,era también incentivo de emoción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario