
Llegó transfigurado, de polvo de sudor y tierra del camino.
¿Os traen el aceite del Rebolledo?Pues de allí vengo.!No hay moza tan galana como María la del Rebolledo!Es hija de una lavandera, y estudia para maestra! Asomada a su reja me oía y tocaba un clavel ardiente; todo el sol de la calle olía a clavel, y era el único de la mata, Me pareció que dentro estaba toda María la del Rebolledo...Ya lo comprenderás más tardeY la pedí ese clavel.Se puso muy blanca, me miraba muy triste; pero tronchó el clavel y me lo dio con una gracia de santa y de princesa.!Toda la mañana por el Rebolledo con mi clavel!
Yo reparé en sus manos, en su mustio gabán, y le dije:¿Y el clavel, Don Marcelino?
Crujieron todos los huesecitos de don Marcelino,y brincó palpándose las ropas.
Me lo he dejado, me lo he dejado en el Rebolledo!
Y dióse una puñada en la frente y exhaló un alarido pavoroso porque se había quebrado la uña de su meñique, su voluntad hecha uña...
Ya era yo grande; salí del colegio, y una dama devota me dijo la muerte de don Marcelino,advirtiéndome:
No has de sentir que muriese, sino su perdición por sus malos pensamientos.
¿Malos pensamientos?...
Fue siempre un descreido y no quiso ni tierra sagrada para su cuerpo.!Murió descomulgado!
Don Marcelino era un infeliz.
!Bién infeliz; tú lo dices ,hijo!!Bien infeliz, que no escuchó la palabra de Dios!
¿Y si no pudo oirla?¿Que no pudo oir la palabra que a todos llega?¿No sabes que el Señor nos habla aun por medio de sus criaturas?De ti mismo se valdría para atraerse a don Marcelino.
¿De mí?
Y se me apareció mi lección entre el humo del pasado.


