
Corrimos más. Y los dedos de Nuño se enroscaron como argollas a nuestros pulsos.Es que no habíamos parado,mirando, mirando...El rapaz talludo, subido a los travesaños de la reja, botaba chafando con sus pies de hombre la mano crispada de la idiota; ella clamaba,y los otros cantaban. Y desde lejos las buenas gentes decían:
!La loca grita;las cinco y media!
Nuño el Viejo se nos llevó arrastrándonos.Era la hora exacta.Nuño suspiraba:
¿Pensábais perderme?!Pues sino os alcanzo,y os ven los chicos y os peleais,y en aquél momento pasará un coche!...
Estuvimos enfermos.Cuando volvimos al Paseo de la Reina ya no gritaba la loca.Una noche se la encontró muerta su madre.Y del humo dormido sube siempre el clamor de la lisiada, entre alegría de los chicos que salen del colegio.Las cinco y media de la tarde de entonces...
DON MARCELINO Y MI PROFETA
"Cuando éste acabe los estudios",dijo muchas veces Nuño el Viejo,y lo pronunciaba con amarguray todo el renunciamiento de su gloria profética, porque solo un Simeón pudo tomar en sus brazos al Mesías.
Me sentí emplazado por la encendida palabra de Nuño.Había de acabar mis estudios, y los comencé.Ya estaba en Colegio mi hermano; yo, no, por mi poca edad y salud; y vino maestro a casa.La primera tarde le aguardé con un sobresalto casi delicioso.Nuño interrumpía sus menesteres para decirme:Yo ya le he visto.
Iba a llegar el brazo de la profecía, el molde de mi mañana y plenitud, y con la carne viva de mi ansia,un ansia cuyos dejos todavía traspasan al humo dormido,le pregunté a Nuño que cómo era el maestro.
Apartóme Nuño,y junto a una vidriera,delante del mar, se quedó mirándome, y comenzó a doblarse descendiendo su cráneo.¿Qué cómo es?...!Se llama don Marcelino!
Y marchóse el profeta a limpiar las tinajas y la zafra,porque había de venir el cosario del Rebolledo que nos traía el aceite.
Volteó la esquila de la puerta."No será don Marcelino", me dije.
Y no fue.Nunca engañaba la campanilla de la cancela;su voz viejecita y aldeana se apresuraba a revelar el genio y aun la figura del que venía;su cordón rojo acomodaba dócilmente sus nervios de estambre a todos los temperamentos.
"Cómo tocará la esquila cuando llame don Marcelino?"Y yo la miraba, esperando de ella más que de Nuño
Han callado ya los esquilones que sonaban a ermita y a casa, a nuestra casa;y ahora vibran los timbres,tan prácticos y plebeyos, con impasibilidad de escritorio.
Y don Marcelino entró sin llamar, aprovechando la salida del trajinero del aceite.Pasados los comedimientos y saludos familiares, nos quedamos solos don Marcelino y yo, y quise comenzar a verle; pero sin oir la esquila movida por su mano se malograba la emoción del maestro; y estas emociones rotas en su principio ya no alcanzan su entereza.Nunca sabré cómo llamaba don Marcelino.
Asomóse Nuño sonriéndonos.
¿Qué le parece?Yo digo que cuando éste acabe...
El maestro movió su cabecita estrecha, que daba un brillo de humedad.
!Si,si!
¿Le tendría sin cuidado que yo acabara los estudios?
Don Martcelino era menudo,de huesecitos tan frágiles y decrépitos que no semejaban originariamente suyos,sino usados ya por otros y aprovechados con prisa para su cuerpo;
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