
Sonorosos raudales nacidos en las sierras, saltan, se deslizan, bullen, espumajean entre guijarros,y ya en el valle, ceñidos entre herbosas acequias, pasan por la aridez ocrosa de los barbechos; se derraman mansamente en los sembrados; cruzan las silenciosas calles de un caserío;ciñen los troncos de la arboleda;se estancan entre lindones; lo vivifican todo con su caricia fria; caen por último en el lecho de una barranca estrecha que hiende el valle, y por oquedad, bordeada de erizadas junqueras y enhiestos chopos, discurren espejeantes levantando leve zumbido de colmena que, en las ardientes y calmosas siestas estivales, invita al sueño, muy grato de gozar en la frecuente sombra deleitosa de un pino susurrante o de un galano cerezo
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