
Espesos bosques de gigantescos árboles bordean la ensenada, y entre la masa incierta del follaje sobresalen los penachos de las palmeras reales.Un río silencioso y dormido, de aguas blanquecinas como la leche, abre profunda herida en el bosque, y se derrama en holganza por la playa que llena de islas.Aquéllas aguas nubladas de blanco, donde no se espeja el cielo, arrastraban un árbol desarraigado, y en las ramas medio sumergidas revoloteaban algunos pájaros agoreros de quimérico plumaje.Detrás, descendía la canoa de un indio que remaba sentado en la pr0 a
No hay comentarios:
Publicar un comentario