lunes, 29 de marzo de 2010

Miércoles santo. Gabriel Miró



...Aún no viene el hijo, no viene el Señor, y la aldea y los senderos van llenándose de luna. La quietud es tan tierna, que la estremecen las más frágiles elictras y los ladridos de perros y chacales que están en lo hondo de muchas leguas.Bethania y el monte parecen contener su aliento, como el que aguarda contiene su pecho para oir y acercarse lo remoto.Y la madre del Señor y las hermanas de Lázaro, pasan solas , calladas y leves; salen a la ladera, y sus mantos mueven la lumbre dormida y deshilada de la luna...Les sobrecoge el desamparo de la sierra en la noche tan grande, tan clara. Un chasquido del breñal hollado, una guija que ruede sobresalta el silencio, apresura el aleteo de los corazones. Y al transponer la cumbre se aprietan como corderos y gimen de felicidad !Alli está el hijo, alli está el Señor! Se ve el contorno de todos sobre el horizonte del Santuario y de la ciudad temida.
Las mujeres se esperan, se recogen para escuchar.¿De quién hablará el Señor? porque acaso las recuerde a ellas ; pronunciará sus nombres entre la dulzura de la noche en que ellas se agoniaron aguardándole.
El Señor decía:
!Me mostrais esos muros por hermosos y fuertes! ! Y yo os digo que no quedará piedra sobre piedra!
...Y va resonando la primera antífona del Oficio de Tinieblas. Una lámpara olvidada crepita de sed, y el Júbilo del sol, un sol rural, gotea una lápida y sube por la percalina morada de los retablos ciegos. Humildes, inmóviles en el trozo de tarde, lucen los quince cirios del tenebrario.Quejumbran los canceles y pasa un bullicio de rapaces; porque no hay escuela, y vienen a la parroquia y ayudan a limpiar candeleros y la urna , que tiene dos ángeles de rodillas y un sol con dos rayos rotos.
En las bancas duermen mendigos y abuelas, mientras dos artesanos conversan familiarmente,y clavan el monumento viejecito de todos los años.
Acuden ya damas piadosas con sus hijas para oir el Miserere. Cruza un beneficiado que sale del coro, y ellas le incorporan los sufrimientos de Nuestro Señor, y piensan en la fatiga litúrgica de estos dias.
Nada más quedan encendidas en el triángulo dos candelas verdes Están más foscos los altares. se difunde un rumor y aroma de piedad y de tiendas, porque muchas familias vienen directamente de la calle Mayor. Pronto se cerrarán los comercios, como se han cerrado los teatros hasta el cántico de Aleluya. No hay otra orquesta que la del Miserere, y un barítono descreido, que pertenece a la suprema elegancia de la ciudad, tiene un "solo" en el Quonian iniquitatem..."Suspiran los violines y las penitentes, y se ha escondido la estrellita de luz de la vela blanca, y los muchachos se aperciben muy contentos para el estrépito de las tinieblas.
...Al salir del Oficio nos acoge el cielo claro y fragante de la luna de Nisán. Y toda la magna noche es un íntimo convite de delicias para los que solo poseen la destilación de su voluntad y de su vida, el alimento de su espíritu , que en moneda apenas alcanza el valor de un cuadrante, como la ofrenda de la viuda pobre.

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