sábado, 27 de marzo de 2010

Martes Santo. Gabriel Miró


Hoy el Señor deja también el refugio del hogar de Lázaro para ir a los Pórticos del Templo.
La casa de Lázaro, lisa, encalada, resplandece al primer sol del dia; detrás sigue el huerto de cercas blancas; salen los frutales juveniles y una vieja vid que ya retoña. Hay un almendro con el frescor de la pelusa verde, un verde recién cuajado que se transparenta todo y parece humedecido como después de una lluvia buena.Los manzanos, los ciruelos, los perales entreabren sus rosas de leche.
Sobre el azul resalta la aldea, que parece toda de vellones; el verde de jugo; los árboles como cristalizados en una salina. Y el Señor, que ya bajaba la gradilla del terrado, se descansa sobre el varandal de palmera, y sus ojos se sumerjen en la derretida miel de la mañana.
La madre, y Marta y María contemplan al Señor desde el cenáculo de la casa. Han llegado nuevas acechanzas. Jerusalén urde la perdición del Rabbi. Adictos poderosos, como Nicodemo y Josef que pertenecen al Sanhedrin, le avisan que se aparte de la ciudad que mata a los profetas. Pero los discípulos le aguardan; traen sus cayadas y se han ceñido ya el manto para caminar más ahína.
Las hermanas de Lazaro le piden al Señor que no se desampare; desde el sosiego de Bethania puede ofrecer la luz de su palabra. La madre le mira escondiendo su congoja He aquí la sierva del Señor. y los discípulos le esperan afanosos.¿Retardará el Maestro sus promesas?. Se abrasan en la sed de su salvación, y las almas puras y exactas no buscan ni ven en toda su vida y en la vida de todos los hombres sino la salvación propia.
Y el Señor deja el hogar de Lázaro. Los discípulos le rodean, y avanzan exaltados y fuertes. Hoy arribarán caravanas pascuales de Alejandría, de la Perea, de la Dekápolis, y han de acudir más gentes al Santuario por escuchar al Rabbi, el Rabbi que sólo es de ellos . Y la llama de júbilo que arde en sus ojos no les deja ver la tristeza de la mirada del Señor ni el recelo que encoje a Judas. Judas siempre camina apartado, y sus sandalias rotas chafan los lirios más azules, las asfodelas más encendidas que renacen en la miga del monte
Hoy el Señor olvida todos sus cansancios, y desconfianzas viendo a un escriba muy cerca del Reino prometido;porque este hombre ha confesado que sobre todos los deberes a de culminar el amor a Dios y al prójimo
El escriba dijo que amar al prójimo como a si mismo era más que todos los holocaustos y ofrendas, y el más grande mandamiento de la Ley.
Tan cerca se puso del Reino de Dios, que ni los evangelistas pudieron anotar su nombre.

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