
"...!Y abrí el mar en tu presencia, y tu abriste con las lanza mi costado!"
Todo el coro va repitiendo:
"!Pueblo mio! ¿Qué te he hecho o en qué te he contristado? !Respóndeme!"
No lo supo aquel pueblo, y este pueblo de ahora encuentra ya santificada la lanza que rasgó tu carne.
Están apagadas las lámparas; los altares, sin cirios y sin ropas; las sacras , caídas.
Pasa la luz por los canceles abiertos; en seguida se contiene en las losas. Humea la tiniebla de la nave, apretada de devotos que asisten a los Oficios.
En lo profundo alumbra desmayadamente el Monumento.Han envejecido las flores, las palmas y los damascos.El oro es casi ocre;La cera se arracima en los hacheros;el palio, plegado se recuesta contra un muro; las alfombras quedaron como la hierba después de una romería. La Urna da un temblor de estrella en el amanecer.
El Monumento tiene un frío, una crudeza de intimidad perdida, un cansancio de capilla ardiente pasada ya la noche de vela.
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