domingo, 18 de abril de 2010

El humo dormido. A Oscar Esplá. Gabriel Miró.


De los bancales segados, de las tierras maduras, de la quietud de las distancias sube un humo azul que se para y se duerme. Aparece un árbol, el contorno de un casal;pasa un camino un fresco resplandor de agua viva.Todo en una trémula desnudez.
Así se nos ofrece el paisaje cansado o lleno de los dias que se quedaron detrás de nosotros.Concretamente no es el pasado; pero , nos pertenece, y de él nos valemos para revivir y acreditar episodios que rasgan su humo dormido.Tiene esta lejanía un hondo silencio que se queda escuchándonos.La abeja de una palabra recordada lo va abriendo y lo estremece todo.
No han de tenerse estas páginas fragmentarias por un propósito de memorias; pero leyéndolas puede oirse,de cuando en cuando, las campanas de la ciudad de Is, cuya conseja evocó Renán, la ciudad más o menos poblada y ruda que todos llevamos sumergida dentro de nosotros mismos.

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