
...Un dia vimos a un desconocido.Se dirá que a un desconocido lo vemos todos los dias;pero no le vemos, porque cuando levantamos los ojos de la tierras siempre queremos descansarlos en los de un amigo.Nunca pensamos, nunca reparamos en en el desconocido. Al desconocido quizás no volvimos a verle más.! ni para qué habríamos de verle más! Pero al que conocemos, al amigo anónimo en nuestro corazón ¿para qué apeteceremos verle tanto,si siempre recogeremos de él o le ofreceremos nosotros una reiteración y fragmento ya sabido?
Decimos."Ya no volvimos a verle!", recordando al que se extravió para nosotros dentro de la vida o se hundió dentro de la muerte, y entonces es cuando le vemos prorrumpir del humo dormido, más claro, más acendrado,como no le veríamos teniéndole cerca, que solo sería repetir la mirada sin ahondarla, sin agrandarla, quedándose en la misma huella óptica que se va acortezando por el ocio
Quiso el Señor que fuesen las criaturas a imagen y semejanza , y no fueron. El Señor lo consintió; y las criaturas se revuelven porque el Señor no es su semejante, no imaginándolo siquiera con la humánica exaltación y belleza que imprimían los pueblos antiguos y sus divinidades. Se quiere al Señor semejante y a los hombres también; una semejanza sumisa, hospitalaria, una semejanza hembra para la ensanbladura de nuestra voluntad
Y un dia se oyen unas pisadas nuevas que resuenan descalzas , cerca de nosotros; y nada hace levantar tanto la mirada como los pasos nunca oidos.Llegan a nuestras soledades...Casi todos se detienen y se juntan en el mismo sitio de nuestra alma ; nosotros tambiém nos paramos en la primera bóveda; alguno se asoma, y se vuelve en seguida al ruedo del portal; otro avanza y se queda inmóvil y mudo delante de nuestro "doble" y allí se está hasta que se aburre y se duerme...
Han de sonar los pasos de un desconocido o los de un amigo que nos remueva todo, que evoque sin desmenuzar las memorias, que sea como la palabra creada para que cada hervor de conceptos y emociones, la palabra que no lo dice todo, sino que lo contiene todo.
Pasó el hombre desconocido.Caminaba como si se dejase todo el pueblo detrás; y casi todas las gentes,aunque les rodee el paisaje, caminan como si siempre pasaran el polvo de una calle , y él no, a él se le veía y se escuchaba su pie sobre la tierra viva, su pie desnudo, aún a través de una suela de bronce.Seguía el mismo camino de los otros y semejaba abrirlo; levantaba la piel y el callo de la tierra, y sentía la palpitación de la virginidad y, en lo hondo, la de la maternidad; pies que dentro de la huella endurecida de sandalias o de pezuñas hincan su planta, troquelan el sendero y sienten un latir de germinaciones.Todo breñal en torno de sus rodillas lo que es asfalto liso para los otros hombres que llevan en sus talones membranas de murciélago o la serrezuela de la langosta, y si dejan señal la derrite un agua de riego , en tanto que , en la senda, la lluvia, cuajará la huella del caminante que hiende su camino con la reja de su arado.
Siempre se alza ese hombre entre el humo dormido...
Y el rumor de sus pisadas trastorna la palabras del Eclesiastés, porque sí que hay cosa nueva debajo del sol, del sol y de la tierra hollada; todo aguarda ávidamente el sello de nuestra limitación; todo se desgarra generoso y se cicatriza esperándonos...
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