
De olmo en olmo volvía mi hermano a nuestro asiento;Después, llegaba Nuño con el trueno de sus botas y su grande susto y agravio, que le exaltaba la faz y el gorro de pieles; gorro tan suyo, que cuando se descubría creíamos que se rebanaba medio cráneo por comodidad, pero el medio cráneo más jerárquico y significativo, su ápice, su sello y su insignia de mayordomo.Ver la gorra velluda en el perchero del vestíbulo era sentir a Nuño más cerca y más firmemente que si él la llevase. Con la gorra puesta se le escapaba mi hermano, pero la gorra sola impedía la más desaforada y la más leve travesura. El gorro de Nuño el Viejo me ha explicado la razón y la fuerza evocadora de los símbolos y de muchos misterios.
Nuño, todavía jadeante, me señalaba avanzando el belfo:
!Este es de otra pasta! !Cuando acabe sus estudios!...
Entre las borrascas de las cejas del hombre roblizo salía su mirada sin vérsele los ojos; humeaba resollándo la górgola, y se oía muy hondo:
...Y cuando acabe sus estudios, a caminar...Allá en las Carolinas...
Pero Nuño, sin hacerle caso,mentaba la Mancha.Las Carolinas y la Mancha principiaban para nosotros en el Paseo de la Reina, y se iban esfumando como tierras legendarias y heróicas.La Mancha, un poco fosca.Las Carolinas, entre claridad de barcos de vela.
Salían los chicos de los colegios;venían los gorriones a los olmos y de una calle en cuesta, sumida, apagada,llegaba un gañido de tortura.
...Corríamos, pero cogidos de la mano de Nuño, y corríamos para asomarnos pronto a la calleja del clamor. Nos seguía , fumando,el hombre de la barba vegetal.
Siempre hallábamos lo mismo:todo solitario,y detrás de una reja,una mujer idiota y tullida: eran sus ojos muy hermosos, dóciles y dulces;sus mejillas, pálidas de mal y de clausura;sus cabellos, muchas veces retrenzados para contener el ímpetu de su abundancia, pero su boca, su boca horrenda como un cáncer; la boca del alarido de todas las tardes, desgarrada, de una carne de muladar,mostrando las encías, los quijales,toda la lengua gorda,revuelta, colgándole y manándole bestialmente...Me miraba muy triste y sumisa, y se le retorcía una mano entre los hierros , una mano huesuda,deforme, erizada de dedos convulsos;le temblaban los dedos como se estremecen los gusanos.¿Por qué grita la loca? le preguntábamos a Nuño.Nuño se quedaba cavilando.Grita por eso...,porque está loca, y llamará a su madre, que es cigarrera y viene de la fábrica ya de noche...
¿Y por qué grita todas las tardes?
Nuño se golpeaba contra el muro de su frente.¿Y por qué a vosotros se os ha de antojar que pasemos todas las tardes por el mismo sitio?
!Por ver a la loca!
¿Por verla? ¿Por ver a la loca?...!Cuándo tengais estudios!...
Nos miraba todo el bosque del gigante, y su voz tupida como una lana iba barbotando:
...!Estudios!...!Allá en las Carolinas!...
La loca se quedaba ensarmentada a la reja de la calle solitaria.Pasaba un murciélago tropezando,temblando en el azul tan tierno entre las cornisas hórridas, y cuando llegaba sobre la mano de la idiota, retrocedía espantadamente....
...Y una tarde no se escapó mi hermano;nos escapamos los dos del Paseo de la Reina; pero antes nos pusimos en presencia de Nuño,previniéndole que queríamos marcharnos.
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