miércoles, 7 de abril de 2010

Viernes Santo. Gabriel Miró



Los devotos, incluso una soltera ferreña,sobrina de un canónigo, y el mism0 Maestro de Ceremonias, contemplan la mujer policromada místicamente de gloria de siglos. Sus ojos y su boca se vuelven zafiro,amatista,granate,calcedonia,topacio;son de una inocencia de perversidad exótica,mientras miran y rezan a Nuestro Señor Jesucristo enclavado, y rezando alza la faz siguiendo la orgía de colores; porque se adivina a si misma bajo la proyección de un foco de magia, como el que alumbraba la danza de una bayadera de piel de serpiente que vino al teatro Principal...
...Las doce.La hora sexta.Las Siete Palabras, un sermón para cada uno de los siete gritos de la agonía del Señor.
Señor: tus gritos de moribundo,gritos de entrañas hinchadas por las enfermedades que súbitamente engendra el tormento de la cruz; tus gritos convulsos de frío de fiebre bajo el sol de la siesta de Nisán; tus gritos de abandono en una cruz viscosa de gangrena y de sudores de tu desnudez son el origen de siete curvas oratorias.Un sexteto dilata la emoción de la palabra.De las torres de la ciudad sale el vuelo de las horas encima del silencio del Viernes Santo.
...Por la noche, después de la procesión del Entierro de Cristo y de los sermones de la Soledad, se cierran las Iglesias como la casa de un muerto cuya familia se ha ido al campo para pasar allí el rigor del luto.
La ciudad también semeja cerrada como un patio muy grande lleno de luna, redonda que se quedó mirando el sepulcro del Señor.
...Y antes de cenar los niños recortan las aleluyas del toque de gloria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario