...Amanece el sábado calladamente.Las piedras quedaron goteadas dela hachas de las procesiones del viernes.Todavía remansa el olor de las flores pisadas, que se deshojaron sobre la cruz y hay un vaho de aceites y vinos de figón donde duermen los "nazarenos".Sábado Santo de generosidades.Se extrae del pedernal la centella virgen, y de su fuego la luz que va prendiendo las lámparas sin mengua de la llama originaria.Así nos dice el Señor que nos demos nosotros.Se bendicen los trabajados grumos del incienso;suavidad que procede del ahínco y arde en las ascuas nuevas.Así ha de quemarse la palabra en el corazón puro.Se traza el signo de la cruz sobre la faz del agua, y ya el agua es molde de la carne.Así nos troquela la vida lo que no puede recogerse entre las manos.
El diácono mudó sus vestimentas moradas por los ornamentos blancos.El tronco del cirio pascual retoña cinco yemas de perfume reciente.Viene ya el cántico del "Exultet", el júbilo de la Aleluya vibrante de campanas.
Porque como el Señor ha de resucitar,no importa que nosotros le resucitemos antes del tercer dia.No podemos vivir costernados tanto tiempo, y arrancamos un dia de fe de dolor para pasar a la afirmación ancha del gozo.
Josef de Arimathea, el varón bueno y justo, permanecerá siempre solo el Sábado Santo, él solo con su fe,la verdadera fe,que hace sufrir, y la sepultura sellada.
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