
...Nuestras pisadas parecen que resuenan en las losas venerables de Jerusalén.
El obispo y su cortejo salen del Lavatorio.Rebullen felpas, sedas, blondas;se estremecen muchos párpados, esperando la gracia de la bendición, y el sol se quiebra en la amatista del prelado.
Retumban los zapatos militares; viene un macizo de charol de ros, de paño recio, de piel campesina, de manos gordas, que revientan por el algodón del guante y se mueven exactas en péndulo de ordenanza.
Plañen los mendigos.Cruzan dos frailes. Surge un vuelo de tocas de las hermanas de la Caridad, y desfilan los niños del Hospicio, que se vuelven mirando las confiterías, y una monja descolorida y enjuta les recuerda que el Señor padeció y murió por todos nosotros. Un ciego canta la canción de las divinas llagas.Un coche hiende el recogimiento como si lo rajase con una proa de herrumbre y de escándalo.Detrás de una vidriera se esfuman las mejillas de un enfermo.Gentes mudadas platican en los portales .Pasan eclesiásticos, familias, novios, amigos, viejos...mozas y anacalos, que vuelven del horno,dejando un olor de pastas tibias.Cuelgan banderas a media asta, menos la bandera del Círculo Republicano, en cuyo dintel hay un cartelito con letra del conserje, que anuncia un "banquete de promiscuación para los señores socios", y una viejecita, que pasaba rezando, se aparta se atropella,asustada, porque, de un momento a otro puede caer el rayo de la ira de Dios. Y va rodando, rodando,la carraca de la Catedral.
Las iglesias de quedan solitarias. En los monumentos hay algunos cirios apagados, porque se retorcían devorándose a si mismos.Se aprieta el olor a cera derretida,de flores cansadas; se deshja una rosa carnal y zumba un isectillo. la urna del Sagrario exhala una poma hermética, como de ara,de trono y de féretro.Un congregante abre la puertecita del claustro, y entra un deleitoso oreo y palpitan las luces, despertándose.
los clustros,los jardines,aroman bajo la luna llena, la luna de Gethsemaní.
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