martes, 6 de abril de 2010



La invocación que hiciste al Padre en la última noche estuvo apunto de prorrumpir, entonces,de tu boca, mojada de la delicia de las frutas y de la lluvia recogida en las cisternas. En aquel tiempo hubo horas dichosas para anticipar la plegaria, no sólo protegiendo a los once que permanecieron a su lado y que después huyó de Ti, sino amparando a todos.!Yo en todos, Padre, y Tú en mí!
Lo has ido recordando bajo los olivos y la luna de Gethsemaní y ahora, en la cruz, desamparado y sediento.
Se oye tu grito de desconsuelo de hombre y de Dios:
...!Oh Padre, es menester que yo muera!
Mueres desnudo, encima de un cerro que parece una vértebra monstruosa y calcinada. Tus fauces, de una sequedad de cardencha, asierran el aire; tus oidos se cuajan de sangre, cerrándote de silencio, silencio con un tumulto de latidos de cráneo, y calla para Ti la tierra que tanto amaste y el cielo donde ya no ves el camino que te trajo a los hombres; silencio de agonía con un zumbar de moscas que chupan el sudor de los moribundos.
Un vaho de costra humana ha subido a tu nariz aguda de cadáver.
Han matado en Ti el hombre que era el arca de Dios, y quedará el rito y la doctrina intacta.
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La voz cansada y turbia del diácono va diciendo el flectamus genua ....al principio de las grandes plegarias . Después se postran descalzos los sacerdotes para besar la cruz recién salida del triángulo negro. Ecce lignum crucis.
Dos cantores claman:
"!Pueblo mio"! ¿Qué te he hecho, o en qué te he contristado? !Respóndeme!"
Señor: amaste y perdonaste.En la hora sexta te izarán en la cruz.
Prosiguen los versículos de los Improperios.

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